08 de Junio 2017

Economías regionales: números y desafíos de los productos que la Argentina le vende al mundo

Los cítricos, la miel y el cultivo de nueces son algunos de los sectores con mejores proyecciones en el agro. Con la apertura de nuevos mercados se impulsan y ganan terreno a nivel internacional. 

Economías regionales: números y desafíos de los productos que la Argentina le vende al mundo

Cítricos con nombre propio

Con la apertura del mercado estadounidense para el limón, y para todos los cítricos en Brasil, la Argentina espera redoblar la apuesta de una de las economías regionales más pujantes. El sector alcanzó un volumen de 3,2 millones de toneladas de producción.

La producción nacional de cítricos alcanzó, en el país, las 3,2 millones de toneladas. Del total, el 51 por ciento corresponde a limones (1,6 millón de toneladas), seguido por naranja (1 millón de toneladas), mandarina (468.000) y pomelo (102.259). Este año, creemos que la producción se mantendrá. Los factores climáticos están afectando bastante al desarrollo”, admite José Carbonell, presidente de la Federación Argentina del Citrus (Federcitrus). Sin embargo, mencionar al conjunto de cítricos en general no sería justo. Lo cierto es que el limón atraviesa una situación favorable, que no se refleja tanto en los productores de cítricos dulces, como mandarina, naranja y pomelo. “Son dos mercados muy diferentes: uno muy orientado a la exportación y a los productos industrializados; y otro con mayor consumo interno como fruta fresca”, añade Carbonell.

Así, en el caso del limón, el área sembrada en la Argentina con limoneros alcanza las 50.000 hectáreas, de las cuales el 90 por ciento se encuentra en Tucumán, mientras que el restante 10 por ciento se distribuye entre Salta, Jujuy y Corrientes, con un rinde promedio de 35 toneladas por hectárea. La cosecha, que dura entre cuatro y cinco meses, emplea alrededor de 40.000 personas en Tucumán, el mayor generador de puestos laborales después del Estado provincial. A su vez, existen 12 industrias procesadoras (el clúster más grande del mundo) y unas 35 a 40 empacadoras. “El clúster limonero es modelo a nivel país en materia frutícola”, asegura Carbonell.

Limones a la conquista

La Argentina es el principal productor de limones del mundo y el mayor proveedor mundial de derivados industriales (aceite, jugo y cáscara). Es líder en su comercio y tiene 40 por ciento del mercado mundial de aceite de este cítrico, según un informe de Fundación Mediterránea.

Con más de 1,6 millón de toneladas de producción en 2016, fue un año en el que se mantuvo estable. “En 2017, los volúmenes de producción están próximos a los del año pasado”, asegura Roberto Sánchez Loria, presidente de la Asociación Tucumana del Citrus (ATC). “El programa de exportación de este año está en el orden de las 250.000 a 300.000 toneladas de limón fresco. Va a ser más que el año pasado, pero hay que esperar a la reacción que podamos tener con la apertura de nuevos mercados”, añade. El sector limonero de Tucumán, donde se encuentra el 90 por ciento de las hectáreas del país destinadas al cítrico, destinó el 80 por ciento a la elaboración de productos industriales –aceite, jugo y cáscara deshidratada– y el 15 por ciento se exportó como fruta fresca. “La elaboración de productos industrializados es más de 1 millón de toneladas: es una industria poderosa, con protagonistas de la talla de Coca-Cola como uno de nuestros principales clientes”, admite Sánchez Loria. Como la totalidad de las manufacturas también se coloca en los mercados internacionales, solo el 5 por ciento restante (unas 100.000 toneladas) fue a parar al mercado interno. “El 95 por ciento de la producción limonera de Tucumán se exporta, ya sea como fruta fresca o como productos industrializados”, confirma Carbonell. Esas exportaciones generan ingresos por más de US$ 600 millones anuales, según datos de Federcitrus.

Los precios internacionales del limón varían mucho dependiendo de los mercados en los que se venda el producto. “La estrategia de la ATC fue incluirnos en los mega mercados del mundo y entre ellos se destacan los Estados Unidos, China e India”, enfatiza Sánchez Loria.

En abril, el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos anunció que levantaba la prohibición a la importación del limón argentino, lo que significa, para los productores, el ingreso al mayor mercado global después de 15 años. En 2001, se suspendieron los envíos y, en 2005, se inició el protocolo de vinculación. Tras haber suspendido transitoriamente la decisión de su antecesor Barack Obama, Donald Trump anunció la reapertura. “Es un mercado muy importante. Las primeras operaciones serán pequeñas, porque hay que restablecer toda una acción bilateral en la actividad privada. Creemos que serán 15.000 a 20.000 toneladas con un valor neto de US$ 30 o US$ 40 millones, pero solo es una referencia”, anticipa Sánchez Loria. Para el ejecutivo de la ATC, la próxima novedad del sector será el ingreso a México (N.d.R.: al cierre de esta edición, todavía no estaba confirmado).

Con respecto a China, el protocolo de vinculación se encuentra en su etapa final, admiten. “China obliga a un tratamiento térmico, que busca prevenir la mosca y debe ser a una temperatura que no dañe la fruta. El protocolo con Japón sería el modelo que usemos”, explica. El protocolo con la India, por su parte, “está todavía verde”. 

Sin embargo, desde la ATC, aseguran que, por ser una economía regional vinculada a la exportación, el dólar y la inflación son temas que preocupan. “Nos afecta el proceso inflacionario por el costo de producción. El dólar no acompaña y nos pega el atraso cambiario. Se puede trabajar en la productividad interna, pero es difícil y traería pequeños cambios, porque estamos con mucha mejora tecnológica”, asegura Sánchez Loria. Y añade: “No estamos solos en el mundo, hay otros países que lo hacen y tienen condiciones de competitividad externa mejores que la Argentina”.

La otra cara

En contraposición de las buenas noticias del sector de limones, los citrus dulces no atraviesan su mejor momento. “Somos un jugador menor”, define Carbonell, de Federcitrus. Es que, del total de cítricos exportados (394.105 toneladas), solo 64.700 toneladas corresponden a naranja, 49.200 a mandarina y 567 a pomelo. El resto –la amplia mayoría– responde a los envíos de limón.

“No somos competitivos. Desde 2006, tenemos malos resultados en cuanto a producción y exportación que registran caídas en los últimos años. En la región exportábamos 100.000 toneladas y hoy estamos en la mitad”, cuenta Mariano Caprarulo, director Ejecutivo de la Cámara de Exportadores de Citrus del NEA (Cecnea). La región del Noreste y NEA concentra el 35 por ciento de la producción citrícola argentina, con el 87 por ciento de la producción nacional de mandarinas y el 64 por ciento de naranjas. Así, en el corredor citrícola del río Uruguay se constituye el área neurálgica de la actividad cítrica regional, donde se sitúan las principales firmas exportadoras.

Para Caprarulo, “los números para exportar no cierran”. El sector, que emplea a unas 25.000 personas en el NEA, exporta principalmente a Rusia (el 60 por ciento del total de los envíos). “En Europa (destino responsable del 15 por ciento de las exportaciones argentinas), nos cuesta entrar por los costos. Chile, Su-dáfrica y Perú tienen libre comercio. Nosotros pagamos entre 16 y 28 por ciento de impuesto arancelario”, explica. Así, para los exportadores, el Sudeste Asiático (22 por ciento de las exportaciones) y Rusia les resultan mercados más rentables porque pagan mejor. “Hoy, estamos manteniendo mercados empatando o a pérdida. El año pasado nos fue un poco mejor que en los últimos ocho, pero no alcanza”, destaca. La apertura del mercado brasilero para todos los cítricos es una noticia relevante. En parte, por la cercanía, que podría significar una reducción de costos importante. Y, por otro lado, por la cultura frutal que tiene el pueblo vecino. “Es un mercado que, si mandás buena fruta, la pagan”, dice Caprarulo. Allí, competirá principalmente con Uruguay y España. “Estimamos enviar unas 4000 o 5000 toneladas en 2017”, confirma. Sin embargo, a partir de la apertura del limón a los Estados Unidos, desde la Cecnea están tratando de avanzar para poder ingresar con citrus dulce.

En cuanto a la importancia de la industria, tampoco tiene la relevancia que tienen para el sector limonero. “Sería relevante si pagara bien. Así, venderíamos lo mejor afuera y el resto al mercado de jugos con buen precio. Hoy, lo vendemos a la industria para no enterrarlo”, grafica. 

La calidad: el impulso de la miel

La Argentina es el tercer productor, después de China y Turquía. Reconocida como una de las mejores mieles del mundo, exporta el 85 por ciento de la producción. En 2016, los envíos alcanzaron las 80.180 toneladas, por unos US$ 166 millones. Los desafíos de un sector que puede conquistar el globo.

La bandera de la miel argentina tiene peso en los mercados internacionales. Es, de hecho, muy demandada por la calidad que reconocen y valoran los países con mayor consumo de este producto. En los Estados Unidos –el principal comprador de miel argentina–, por ejemplo, producen solo la mitad de lo que demanda su mercado interno, algo que en la Argentina no pasa. El 85 por ciento de lo que se produce se exporta.

En el país, se estima que hay entre 22.000 y 25.000 productores apícolas, con un total de 2,5 millones de colmenas. El 70 por ciento se encuentran en la zona de la Pampa Húmeda, principalmente en la provincia de Buenos Aires, La Pampa, Entre Ríos, Santa Fe y el sudeste de Córdoba. Sin embargo, también hay productores en Río Negro, Misiones, Corrientes y Mendoza. En general, es un sector dominado por los pequeños apicultores. El 80 por ciento tiene menos de 200 colmenas; el 15 por ciento, entre 200 y 1500; y el 5 por ciento más de 1500. Los datos, que brinda la Sociedad Argentina de Apicultores, son aproximados. En 2017, se realizó, después de cinco años, el Consejo Nacional Apícola, con representantes del sector y funcionarios de gobierno. Uno de los ejes fue el desarrollo del Registro Nacional de Productores Apícolas (Renapa), que dará números más certeros de la realidad del sector.

En 2016, la producción de miel argentina superó las 80.000 toneladas, lo que convierte al país es uno de los máximos productores. “Hace algunos años, la producción se viene complicando para los apicultores. Tenemos fuertes bajas en los rindes y hay períodos en los que no contamos con grandes incentivos”, explica Roberto Imberti, tesorero de la Sociedad Argentina de Apicultores, que nuclea a unos 3000 productores. La caída se debe principalmente a dos motivos: los cambios climáticos y el uso de agroquímicos. “El modelo agroexportador utiliza muchos agroquímicos y glifosato, que dificultan la tarea de las abejas. El glifosato mata todo y las deja sin comida, y los agroquímicos perjudican a la abeja”, admite Imberti, que además es productor y tiene unas 600 colmenas en Loma Verde (partido de General Paz, Buenos Aires). El uso de los agroquímicos tiene un efecto tal que, hace 20 años, de una colmena en la provincia de Buenos Aires, sacaba unos 70 kilos de miel al año, con “poco trabajo”. “Hoy, con muchísima dedicación y cuidado, podemos sacar unos 20 o 25 kilos”, grafica.

El argentino no es un gran consumidor de miel de mesa. Solo el 15 por ciento de la producción se destina al mercado interno. El consumo per cápita no llega a los 200 gramos, mientras que en países como los Estados Unidos o Alemania supera el kilo anual. Sin embargo, en los últimos años, estuvo en aumento. “Se le dio mayor relevancia al sector a través de la difusión, la organización de la Semana de Miel –un evento que se organiza todos los años– y cada vez más los chefs utilizan la miel en sus recetas culinarias”, describe Imberti. Dentro de lo que se destina al consumo interno, también se encuentra la venta a granel para el sector industrial. Principalmente, es insumo de la industria de dulces (como caramelos o barritas de cereal) y de panadería.

Por su parte, en 2016, los envíos de miel a granel al exterior alcanzaron las 80.180 toneladas, por un monto total de US$ 166 millones, según se desprende de un informe elaborado por el Ministerio de Agroindustria de la Nación. Así, el sector registró un incremento en volumen del 80 por ciento en relación con 2015, con un precio promedio de venta de US$ 2078 FOB/ton. “La Argentina tiene una de las mejores mieles del mundo”, define Javier Nascel, presidente de Nexco, el principal exportador de miel argentina, con una participación de 25 por ciento. De hecho, los países europeos la compran para mejorar sus mieles: la mezclan y perfeccionan el sabor de sus productos.

Así, entre los principales destinos aparece los Estados Unidos con 35.665 toneladas, seguido por Alemania (16.957 toneladas) y España (4266 toneladas). Un punto a favor del año pasado fue recuperar algunos mercados a los que hacía muchos años que no se exportaba miel, como Bolivia, Noruega, Croacia, Colombia, Marruecos y Arabia. Dentro de lo que son otros productos derivados, la Argentina exportó material vivo por un valor de US$ 184.828 –Francia, España y Líbano como principales mercados– y 794,6 toneladas de cera, por US$ 5,9 millones, un 28 por ciento más que en 2015.

El 70 por ciento de la miel que compra la Unión Europea es para consumo de mesa, mientras que en los Estados Unidos la mitad de la miel importada es para uso industrial, donde predomina como insumo para la producción de barritas de cereales. Los últimos años de esta economía regional no fueron fáciles, según describen los productores. En 2015, la Argentina decidió vender poca miel, por el tipo de cambio atrasado y las retenciones, que hacían casi inviable al negocio. El año pasado tampoco fue el mejor año para la exportación, pese a la quita de las retenciones y la mejora de las condiciones macroeconómicas. El precio de la miel se desmoronó abruptamente en los mercados internacionales, porque en el Viejo Continente hubo un boom de miel adulterada de origen asiático y eso impulsó el precio hacia abajo. En 2016, al productor se le pagaba $ 19 el kilo, aproximadamente. “Fue una crisis importante: los productores no alcanzaban a pagar ni los costos. Apenas llegaban a fin de mes”, describe Imberti. Este año, las expectativas mejoraron a nivel internacional, con precios más acordes. Hoy, se le paga al productor $ 36 el kilo de miel. “Tuvimos buenas señales, como la quita de retenciones, pero nos agarró en un momento en el que cayó el mercado internacional, entonces nos absorbió”, describe Nascel.

Pisan fuerte

La Argentina vende –mayoritariamente– miel a granel, lo que la condiciona a los ciclos de precio determinados por la demanda. En el mercado de destino es mezclada con otras mieles para la fabricación del producto final para góndola. “La Argentina aún no pudo establecer en los mercados su miel envasada, como sí lo hizo, por ejemplo, Nueva Zelanda, que logró imponer su marca como miel premium y los consumidores están dispuestos a pagar más para obtenerla”, cuenta Nascel, de Nexco. La firma, que tiene más de 30 años y es de origen familiar, está enfocada en la calidad del producto y trabaja en conjunto con los productores de manera integrada.

Durante la época de restricción de divisas había muchas empresas importadoras que, necesitadas de dólares, desembarcaron en la industria apícola con el fin de hacerse con un cupo. Una de ellas fue Newsan, productor de electrónica y electrodomésticos de la Argentina, que en 2011 decidió diversificar los negocios de la compañía y crear la división de exportaciones Newsan Food. “Empezamos con la pesca y año tras año fuimos incorporando otros productos, como miel, maní, arroz, maíz pisingallo, pasas de uva y aceite de oliva”, cuenta Verónica Nohara, gerente de Exportaciones de Newsan Food. La empresa adquiere la materia prima de unos 1500 apicultores del país y vende en el mercado internacional 12.000 toneladas de miel por año, con una facturación estimada de US$ 20 millones. “Trabajamos mano a mano con los productores y sus necesidades. Compramos en las épocas estacionales y las no tanto, porque para estar abastecidos tenemos que acompañar al productor durante todo el año”, afirma Nohara.

Como novedad, la firma lanzó en marzo una etiqueta propia llamada Patagonia New Food, que aspira a llegar a las góndolas de los supermercados del mundo. El foco será los Estados Unidos, debido a que Europa tiene un sistema muy eficiente de envasado. “Queremos darle impulso durante este año para hacer crecer ese segmento”, destaca la ejecutiva.

Un desafío global

Otro tema que afecta al sector es la edad promedio de los productores, que cada año que pasa es más alta. Para los players, “no se dio el traspaso generacional”.

Sin embargo, es una problemática que se da en todos los países con actividad apicultora. “Sucede que los hijos de apicultores buscan otro camino. Es un trabajo duro y de dedicación personal, casi una pasión del productor”, explica Nascel. “La gente joven no se mete en el negocio: es un trabajo muchas veces ingrato, con complejidades y al sol en pleno verano”, coincide Imberti. El Ministerio de Agroindustria tomó nota de la problemática y lanzará un programa para jóvenes apicultores, tal como hicieron otros países.

Por otra parte, una tendencia que surgió en los últimos años es la miel orgánica. Los principales consumidores de este producto están mirando este segmento. Sin embargo, en un país como la Argentina, no es tan fácil certificar miel orgánica, explican. “Hay que certificar los campos en los que la abeja trabaja. Tienen que ser zonas donde hay menos agricultura”, explica Imberti. 

Con fuerza para ser grande

Dentro de la producción argentina de frutos secos, las nueces son las que tienen mayor preponderancia en cuanto a volumen. La exportación es pequeña, pero hay proyectos -con foco en Catamarca- para hacerla crecer.

En los últimos 20 años, la producción de nuez de nogal en la Argentina duplicó su volumen. Pasó de 8000 hectáreas a más de 16.000 que estiman en el sector actualmente. Catamarca es la principal productora en cantidad de espacio dedicado a su cultivo, con 6000 hectáreas, a la que le siguen Mendoza –registró el mayor incremento– y La Rioja, con 3600 hectáreas cada una. “Es una economía regional que tiene un crecimiento anual de 500 toneladas por año”, estima Juan José Cólica, investigador del INTA Catamarca y referente en el cultivo. En la actual campaña, la Argentina superó las 20.000 toneladas de producción de nuez de nogal.

El 90 por ciento se destina a satisfacer el mercado interno. Solo hay un 10 por ciento –y si no se comercializa internamente– que se exporta a países de la Unión Europea (Italia, Alemania y España), Brasil y, en menor medida, a naciones asiáticas. “Hoy, los productores ven más atractivo el mercado interno. La exportación tiene riesgos y complejidades y, además, en el mercado interno, la venden a $ 70, mientras que en la exportación no supera los $ 40”, calcula Cólica. De hecho, hasta hace algunos años, la producción nacional no lograba abastecer al mercado interno y hubo períodos en los que se importaban nueces de Chile o la India.

El consumo per cápita de nuez de nogal es de 250 gramos y crece año a año. Para los productores, el incremento se debe al cambio de hábitos alimenticios. La nuez de nogal es un producto natural que posee alto nivel de antioxidantes, proteínas y tiene gran valor nutritivo. Es por eso que muchas personas se orientaron a su consumo, fuera de los períodos más fuertes como eran hasta hace unos años el invierno y la Navidad. De hecho, las marcas de alimentos se animaron a desembarcar en el mercado de frutas secas, como Arcor, donde había mayor influencia de las dietéticas y emprendedores con propuestas premium. Además, la nuez es insumo de la industria de las heladerías y de panadería. Y, en menor medida y con productos de menor calidad, se destina a la elaboración de chacinados.

“A nivel global, son muy buenas las expectativas. Crece la producción porque aumenta su consumo y la buena noticia es que los precios son sostenidos”, describe Cólica. En el mundo, la producción de nueces alcanzó en la campaña 2016/2017 el récord histórico: 2123 millones de toneladas, lo que significó un incremento de 6,6 por ciento con respecto a la campaña anterior, de acuerdo a datos del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA). El aumento se debe, principalmente, al incremento que tuvieron los dos productores más importantes. Por un lado, China, que superó 1 millón de toneladas, y, por otro, los Estados Unidos, que superó las 600.000 toneladas. El USDA destaca el crecimiento que tuvo el mercado chileno, que pasó de 80.000 a 100.000 toneladas. Acompañando a la producción, el consumo de nueces también crece. En el mundo se importan anualmente 5 millones de toneladas y Alemania, Hong Kong, Italia, España y la India son los principales compradores globales. Así, la Unión Europea se mantiene como el primer importador mundial (220.000 toneladas previstas en la presente campaña). En América latina, el principal productor es Chile, con unas 90.000 toneladas anuales. Es, además, uno de los primeros exportadores a nivel global.

En Catamarca, que tiene una producción de más de 6000 toneladas anuales de nuez de nogal, el INTA está trabajando en un programa de mejora genética. “El principal componente es obtener variedades de calidad de exportación. Trabajamos para ser proveedores de los productos que demanda el mercado: la tendencia es hacia una nuez de mayor tamaño, atractiva externamente y que internamente tenga color claro, tirando a tiza”, explica el investigador. También, debe ser una nuez fácil de partir, debido a que cada vez va a ser menos frecuente la nuez con cáscara. “Hoy se exporta más con cáscara que pelada porque es más fácil para el transporte. Pero la tendencia está cambiando”, cuenta. Así, se mantiene la variedad tradicional, Chandler, pero también hay cada vez mayor demanda de los productores por variedades como Argentina Inta, Trompito Inta y Yaco Tula Inta, entre otras, que lograron su inscripción en el Registro Nacional de Cultivares del Instituto Nacional de Semillas (Inase). “Las buscan para plantar en zonas que quizás no tienen las condiciones óptimas para el cultivo. Por ejemplo, Trompito y Davis Inta son variedades de bajo requerimiento de frío y se plantan en zonas más cálidas. Por su parte, Yaco Tula puede plantarse en zonas más altas y es resistente a las bajas temperaturas”, explica.

Es que, según Cólica, una de las principales características del cultivo de nogal es que tiene exigencias de riego superiores a una planta como la del olivo o frutales de carozo. “Es una especie de hojas grandes y tiene una evapotraspiración mayor, por eso consume más agua”, cuenta. Sin embargo, su plantación tiene un beneficio ambiental enorme: un nogal adulto que viva 20 años puede producir oxígeno para una persona durante 70 años.

Otra especie que se expande, el pecan

De un fruto dulce –y con múltiples beneficios para la salud–, el pecan es el único nogal de origen americano. Nació en las riberas del Mississippi, en los Estados Unidos, y llegó a la Argentina de la mano de Sarmiento en 1868. Al principio, el árbol tuvo un rol ornamental pero, con los años, fue utilizado por los habitantes del Delta para complementar su producción de frutales. Muchas de las plantaciones de la zona del Delta continuaron. Otras, por temas de logística y costos, se abandonaron.

“El pecan tiene complejidades: por un lado necesita mucha agua, por eso es muy buena la zona del Delta, pero, por otro lado, cuando están listas y caen no pueden entrar en contacto con la humedad porque se ponen rancias. Las nueces silvestres en el Delta no son la mejor propaganda”, explica Carlos Schulte, presidente del Consorcio Argentino de Productores de Pecan (Cappecan), que nuclea a unos 120 productores. Hace 20 años, tuvieron un impulso de producción. Empezaron a de-sarrollarse en viveros y comenzaron a instalarse plantaciones. De hecho, Schulte comenzó hace 17 años su plantación en la provincia de Entre Ríos, con unos 1100 árboles.

A nivel global, el principal productor es los Estados Unidos, seguido por México, y juntos son dueños del 80 por ciento de la producción mundial. “El desarrollo en la Argentina es exponencial. Pero somos un jugador chiquito a nivel global a pesar de tener la ventaja de estar a contraestación de los Estados Unidos y México”, explica Schulte.

Así, en la Argentina, que tiene unos 500 productores de pecan, la principal zona de producción es la provincia de Buenos Aires. Pero la mayor cantidad de árboles está en Entre Ríos y en Corrientes. “Estimamos que se producen unas 800 a 1000 toneladas”, admite Schulte. El mercado interno, si bien no está tan de-sarrollado, existe y se vende principalmente a través de dietéticas. Para Schulte, el consumo doméstico tiene su limitante por dos motivos: por la cantidad de habitantes y porque la nuez pecan es prácticamente desconocida. “Los objetivos son capacitarnos y difundir el conocimiento, y abrir el mercado externo”, destaca. De hecho, a través del consorcio, hace cuatro años lograron exportar. En 2013, hicieron envíos en conjunto por 10 toneladas; en 2014, 40 toneladas; y en 2015 y 2016, 60 toneladas. “Este año vamos a llegar a las 100 toneladas. Lo hacemos en conjunto, organizados por el consorcio”, confirma. El principal destino de exportación es China. “Es un mercado insaciable que, por fortuna, siempre nos piden todo lo que tengamos. Son duros en cuanto al precio, pero, si logran un buen acuerdo, compran todo. Eso alienta a que haya más plantaciones”, describe Schulte. También hicieron algunas exportaciones a Argelia.

Uno de los principales objetivos del Cappecan es la difusión del fruto. Por eso, por ejemplo, presentan un stand en la feria gastronómica Caminos y Sabores. “Nos permite llegar a restaurantes y cocineros gourmet. Tratamos de difundir en qué tipo de comida se puede incorporar. Porque es muy rico y nutritivo en ensaladas, en pestos y salsas que se sirven con las pastas”, concluye.

La versión original de esta nota fue publicada en el one shot Campo del diario El Cronista Comercial.



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